Niños en verano: la hidratación es básica
Escrito por Raquel Palacios Benito
Revisado medicamente por Dr Esteban Delgado, PhD, FRSPH, MAE
Ultima actualizacion: October 7, 2024
No hay que esperar a tener sed para beber agua
Más calor y mayor actividad pueden provocar un mayor riesgo de deshidratación en los niños. Los expertos del Instituto de Investigación Agua y Salud insisten en que han de beber una media diaria de 1,8 litros de agua hasta los 8 años y, a partir de los 9, esta cantidad ha de ser de 2,5 litros en los niños y 2,2 en las niñas.
En este sentido insisten en que “es conveniente prestar especial atención a la ingesta diaria de agua de los niños, así como educarles para que sean conscientes de la necesidad de beber de manera metódica durante el día” y en especial cuando desarrollan ejercicio físico o se someten a elevadas temperaturas ambientales. El calor genera una mayor sudoración por lo que el aporte de líquidos es imprescindible, bien en forma de líquidos o con alimentos que contengan agua como son las verduras y las frutas. Aunque lo más recomendable es el agua, los zumos y batidos de frutas naturales.
Además, desde el Foro Interalimentario se señala que “hay que ofrecer agua o alimentos que la contengan sin esperar a que tengan sensación de sed” y recomiendan ofrecer bebidas variadas porque “se ha comprobado que favorece que el niño beba más”.
No hay que olvidar que los pequeños son mucho más sensibles a los golpes de calor, que pueden provocar diarreas y vómitos. Por ello, desde la Asociación Española de Pediatría (AEP) se recuerda que hay que suministrarles suficiente cantidad de líquidos, sobre todo cuando realizan actividades físicas y se exponen al sol o a las altas temperaturas.
Durante el verano hay que estar atentos por si el niño presenta síntomas de deshidratación, la Sociedad Española de Nutrición (SEN) recuerda las señales a tener en cuenta para estar alerta sobre todo en los bebés que no pueden expresar su malestar. Así hay que fijarse si el niño está menos activo de lo habitual, presenta debilidad o si por el contrario está demasiado irritable, si no llora, presenta pocas lágrimas o los tiene ojos y boca resecos, así como si no moja los pañales o presenta la piel reseca y con pérdida de elasticidad. Si el bebé presenta la fontanela hundida, si no ha orinado durante seis horas, está demasiado aletargado, sufre pérdida de conocimiento, tiene vómitos, diarrea, fiebre, fatiga o dolores de cabeza hay que acudir con urgencia al médico. Mientras, los expertos aconsejan colocar al niño en la sombra, en un lugar ventilado e ir ofreciéndole agua o bebida isotónica -si no se trata de un bebé- de manera progresiva. Más tarde, una vez rehidratado, y siempre bajo prescripción médica, habrá que irle ofreciendo alimentos fáciles de digerir.
Calidad y seguridad en el menú infantil veraniego
Las intoxicaciones y las infecciones alimentarias son habituales durante la época estival, y a ellas se asocian episodios de vómitos y diarreas. El calor, las temperaturas inadecuadas, falta de limpieza o manipulación incorrecta de los alimentos son factores que pueden dar lugar a la contaminación de muchos alimentos. Por ello hemos de insistir con los niños en normas establecidas a lo largo del resto del año como lavarse las manos antes de ingerir cualquier comida.
Están al aire libre, en la playa, en la montaña, en la calle… y resulta más fácil que se les olvide pasar por el baño antes de ponerse a comer. Pero también podemos seguir unas normas básicas para que puedan tomar alimentos con total seguridad. La Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa Consumidores y Usuarios (CEACCU) ofrece una serie de recomendaciones para evitar la proliferación de bacterias y microorganismos:
Higiene. Además de lavarse las manos antes de comer, hábito que debemos inculcar a los más pequeños, también hay que hacerlo cuando vayamos a manipular cualquier alimento. La limpieza de la cocina debe ser la adecuada: que estemos de vacaciones no implica una relajación en los hábitos de higiene y hay que seguir cuidando al máximo la limpieza de la nevera. También hay que evitar la presencia de animales domésticos en las zonas donde haya alimentos y cuidar que tanto la higiene del animal como la de los niños que están en contacto con él sea la adecuada. Los insectos, sobre todo en el campo, son otro de los focos de infección y por ello hay que proteger los alimentos ante su presencia.
Agua. Si viajamos, lo mejor es comprar agua mineral embotellada para evitar los problemas de estómago que puede provocar ingerir agua a la que no estamos acostumbrados. Es un consejo para todos: adultos y sobre todo para los niños.
Alimentos. En una época donde frutas y ensaladas son parte principal de la dieta, hay que extremar su limpieza. También hay que evitar el contacto entre alimentos crudos y ya cocinados. A pesar de que las vacaciones son momento para el relax y la apuesta por recetas sencillas, conviene preparar los alimentos con la mínima antelación posible a su consumo y mucho cuidado con salsas, natas, cremas y huevos. Una correcta cocción es otro de los factores importantes a tener en cuenta en esta época.
Los alimentos no deben mantenerse más de dos horas a temperaturas comprendidas entre los 10 y los 65ºC. Asimismo hay que respetar las temperaturas de conservación: alimentos de origen animal entre 1-4º C; de origen vegetal a 12ºC y los congelados a unos -18ºC. Cuando procedamos a descongelar hay que procurar que el líquido no contamine otros alimentos o superficies de la nevera, y tener muy en cuenta que una vez descongelados no se pueden volver a meter en el congelador.
La compra. En el lugar donde vivimos solemos conocer los establecimientos donde compramos, algo que no ocurre cuando viajamos a otro lugar. Así hemos de tener en cuenta la higiene de las instalaciones y la correcta manipulación de los alimentos del nuevo lugar donde vayamos a comprar. Siempre hay que vigilar la caducidad y que los envases estén en perfectas condiciones pero mucho más en estas fechas. El orden de los alimentos en la cesta de la compra tampoco es algo banal: primero los no perecederos, después los frescos y, por último, los congelados.
Lugares públicos. Hay que tener especial cuidado cuando se sale fuera de casa, que las condiciones higiénicas de bares y restaurantes sean las adecuadas y que los alimentos estén conservados en vitrinas y a temperaturas adecuadas. Con precaución y buenas dosis de imaginación podremos garantizar a los más pequeños una alimentación sana también durante las vacacione
Agua mineral, bebida de referencia
El Instituto de Investigación Agua y Salud (IIAS) revisa las necesidades del agua en la infancia, las características del agua minera natural y las ventajas de su consumo durante todo el año y, en especial, en época de verano. En el mismo sentido, la Asociación Española de Pediatría coincide en señalar que el agua mineral natural debe ser la bebida recomendada para los niños, pues resulta ideal para conseguir una adecuada hidratación, son puras desde su origen y tienen una composición constante. El pediatra Isidro Vitoria, señala en un informe que:
• El niño debe beber una cantidad adecuada de agua diariamente, que oscila entre 0,6 litros en el primer año de vida y los 1,8-2,6 litros en la adolescencia.
• El agua mineral natural es la bebida no nutritiva que debe acompañar al niño tanto en las comidas como fuera de ellas como una estrategia de hábito de vida saludable que previene el sobrepeso.
• El agua mineral natural tiene una composición química estable y conocida que permite al pediatra indicar un tipo de agua u otra en función de su composición.
• La composición constante en minerales y oligoelementos, junto con la pureza original que poseen las aguas minerales naturales, permite al pediatra recomendar un agua mineral natural u otra, según las necesidades de cada niño. De modo que en los primeros meses de vida se apuesta por agua mineral con un determinado contenido en sodio; en niños con riesgo de caries se podrá aconsejar distintas concentraciones de flúor en agua.
Charo Barroso
Categoría: Nutrición Infantil